De vuelta a la infancia

Ya llevábamos mucho tiempo sin actualizar el blog cuando nos enteramos de nuestra próxima paternidad. Lo habíamos ido dejando abandonado por un cúmulo de razones entre la desidia de encontrar pocos planes que nos pareciera que merecieran publicidad gratuita y sin ánimo de lucro, falta de tiempo para actualizar y pocas ganas de hacer interminables sesiones de fotos por cada cosa que arreglábamos o hacíamos en casa (que ya eran más por necesidad que por gusto). Además de que mis mañanas se iban en el gimnasio preparando el cuerpo para lo que se avecinaba. Un embarazo muy bueno y sin detalles a destacar no animaba a que me metiera en el saturado mundo de la paternidad online sin sentir que estaba contando algo muy trillado y que a nadie le serviría para nada.

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Sin embargo una vez nacido Momotaro, voy a copiarme aquí de Kira Sensei, que llama a su hija Pichuri en un vano intento de respetar su intimidad (si es que con el simple hecho de hablar sobre ella no estás ya cruzando un límite tan fino que no tiene casi sentido que te plantees donde está exactamente), empiezas a darte cuenta de que descubres cosas que nadie te cuenta y que por muy saturado que esté Internet cada uno es un mundo y basta con que tú necesites información sobre algo para que no haya nadie que te hable sobre ello.

De ahí que me haya decidido a retomar el blog. Para intentar que nuestras experiencias, aunque pocas y pobres, sirvan de algo. Por eso y porque a partir de los dos meses del parto parece que tu vida vuelve minimamente a su cauce y que puedes volver a hacer algo que no sea amamantar, cambiar pañales e intentar dormir a un niño que tiene tantas ansias por vivir que parece hecho de la vida misma, y eso engloba la tuya.

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