Nuestra iniciación al porteo

Antes del parto nosotros también éramos unos convencidos defensores del porteo, además de la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses, el BLW, el colecho y la crianza con apego. Sobra decir que antes del embarazo no sabíamos ni que existían estas prácticas ni siquiera nos planteábamos que pudiera haber tendencias tan contrarias en crianza ni tanta teoría dando vueltas por Internet. Pero durante el embarazo tiendes a buscar información a mansalva y para no obsesionarme con el momento del parto, leyendo sobre violencia obstétrica (otro término que me era totalmente desconocido hasta el momento) me lancé a leer sobre cómo actuar en los meses posteriores. El porteo no solo nos parecía la opción más natural sino la más cómoda teniendo en cuenta que vivimos en un quinto sin ascensor. La idea era usar la mochila ergonómica desde el nacimiento para salir con el bebé la mayor parte del tiempo especialmente cuando aún pesara poco y fuera un recién nacido que solo quisiera brazos y el calorcito de ir pegado a sus papás.
Tiene gracia cómo aceptamos la teoría como algo inamovible. Hay métodos de crianza que nos parecen no solo lógicos sino lo más adecuado para una persona a la que aún ni siquiera conocemos. Luego llega y “zas! En toda la boca” por dar las cosas por supuesto.
Y es que Momotaro debía ser el primer recién nacido del mundo al que no le gustaba que le lleven pegadito al cuerpo (y eso que nació en marzo). No quiero decir que no le gustara que le cogieran en brazos, pero siempre ha mantenido una cierta distancia porque es muy caluroso y sentirse constreñido por una tela manteniendo siempre la misma postura no le agradaba. Además nos daba la sensación de que tenía miedo de caerse al no sentir los brazos y solo se calmaba si le ibas abrazando por fuera de la mochila por lo que dejaba de ser práctico portear. Sin contar con que el bandoleo de la mochila le daba sueño pero los primeros meses Momotaro gritaba y pataleaba cada vez que le daba sueño, llegaba a arañarse para evitar quedarse dormido, por tanto le tenía un terror brutal a la mochila.

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Por suerte llegaron los cinco meses y la angustia de separación y el recién nacido con alma de adolescente empezó a querer estar en brazos todo el tiempo posible y si estar en alto suponía ir enla mochila, empezó a aceptar barco como animal acuático. Esto se juntó con un taller de porteo al que acudimos en El Último Koala. ¿Sabéis cuando llevas meses esperando que llegue la cita con el médico y justo el día que te toca es demasiado tarde porque ya te has curado? Pues algo así pasó con el taller. Aprovechando que hacía fresquete se nos ocurrió coger la mochila y Momotaro durmió en ella durante el trayecto de varios kilómetros que hay de casa a la tienda y vuelta. Eso sí, una vez allí, para dejarnos mal durante el taller, se negó en redondo a probar un solo fular (íbamos con la idea de cambiar la mochila por otra opción más fresquita aún que nuestra Physiocarrier con espalda de invierno y verano pero no hubo manera). Sin embargo, en El último koala nos enseñaron a colocar la mochila correctamente y varios trucos para hacerlo. También confirmamos que aunque Momotaro ya pasaba los 4 meses (edad a partir de la cual la mochila puede usarse sin adaptador para recién nacidos según el fabricante) no es cómodo para el bebé si la tela del asiento no le llega de corva a corva para que pueda flexionar las rodillas por lo que usaremos el cojín adaptador más tiempo del que pensábamos. Así que, aunque el taller en sí no nos sirvió de mucho, fue el primer día de nuestra verdadera iniciación al porteo.

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Ahora que ya la estamos usando a menudo podemos confirmar que nuestra Physiocarrier fue una buena compra. La opción de verano que solo encontramos en JPMBB (cuando nos la regalaron aún no exisría la nueva Ergobababy de rejilla) nos ha resultado muy útil con un bebé tan caluroso y siempre es mejor que tener que andar cambiando de mochila según la estación. Lo que sí echamos de menos es que llevara algún bolsillo con cremallera en la pieza que va a la cintura o en los tirantes. El único que tiene va en la espalda por lo que no se puede usar en verano y no lleva cierre. De esta forma podríamos salir de paseo y llevar las cosas imprescindibles en la propia mochila sin tener que andar accediendo a los bolsillos del pantalón (cosa que no resulta nada fácil mientras porteas) ni llevar bolso o mochila adicional.

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2 Responses

  1. Eva dice:

    Hola!,

    La Physiocarrier es una mochila estupenda. Nosotros la recomendamos mucho, no sólo como opción fresca para el verano, sino para todo el año. Es genial que su panel se pueda adaptar en alto, ¿verdad?

    En cuanto a lo del bolsillo, la mayoría de las mochilas portabebés ergonómicas no lo llevan porque al final molestaría al bebé si lo llevara en el panel. Podrías meter quizá un pañal, algo plano y de poco peso, pero cosas como llaves o unas monedas al final podrían resultar molestas. Nosotros, creo que como muchos padres porteadores, nos acostumbramos a salir con lo imprescindible de casa y lo cierto es que nunca echamos de menos un bolsillo en una mochila 😉

    Un saludo.

    • Sand dice:

      Hola Eva! Gracias por comentar. Es cierto que de todas las mochilas que tanteamos en su momento la Physiocarrier nos pareció la mejor opción. Calentita en invierno y fresquita en verano. Respecto a lo de los bolsillos hemos optado por una riñonera de taller Vinicius que como casi no abulta es más práctica que llevar una riñonera a la antigua usanza. 🙂

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