Primeras visitas a la biblioteca

La primera vez que llevamos a Momotaro a la biblioteca tenía sólo dos meses. Papá consume seis cómics de la Central al mes y hay un buen paseo hasta allí. Dimos una vuelta, compramos el pan y echamos un vistazo a las novedades. Momotaro se entretuvo bastante acariciando la portada de una novela gráfica con detalles en rojo y negro. Le encanta el color rojo.

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Desde entonces hemos ido unas cuantas veces para que se acostumbre al silencio de las paredes y al pasar de las páginas. La zona infantil de la Biblioteca Central está muy bien adaptada (en la planta baja, con sillas para niños y espacio para sentarse en el suelo, estanterías bajitas para que puedan escoger los libros y pufs de colores). Por desgracia la biblioteca que hay junto a nuestra casa no tiene zona de lectura infantil aunque su pequeña selección de libros para préstamo nos parece muy bien pensada.
Pero lo mejor de ambas bibliotecas es que en las dos te dan la bienvenida como nuevo lector y te regalan un libro para bebés para fomentar la lectura. Esta iniciativa forma parte del Plan de Fomento de la Lectura de la Comunidad de Madrid pero seguro que las hay similares en otras zonas.

Se ve que con unos seis meses que es la edad en la que se van empezar a fijar en los libros, los mayores quebraderos de cabeza de los papás son a la hora de dormir, porque los dos libros que nos han regalado tratan sobre el mismo tema:

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Bob duerme de Guido Van Genechten es un libro de tela con páginas crujientes de colores llamativos. Describe con pocas palabras y grandes dibujos los pasos que da, en su ritual de irse a la cama, el perro Bob. Yo creo que es un beagle. Desde mi punto de vista de adulto preocupado por el contenido artístico de las ilustraciones no tiene demasiado interés pero a Momotaro le encanta agitarlo y abrir la páginas para taparse la cabeza con él, por lo que deduzco que es un buen libro.

La hora de dormir de Caroline Uff es de cartón con páginas duras y gruesas en forma de estrella encuadernadas con un cordón grueso que las une a un sonajero con sonido de maraca. Describe los objetos relacionados con el sueño del bebé con nombres y dibujos. Es un tanto clásico al mencionar la cuna o el móvil, teniendo en cuenta que muchos bebés duermen con sus padres o en un futón o colchón en el suelo a lo japonés (o a lo Monterssori) y no asocian el momento del sueño con estas cosas. Pero desde el punto de vista de la jugabilidad, que es lo que le importa al bebé, es fácil de agarrar y llamativo a causa del sonajero. Aunque a Momotaro le cuesta aún pasar las páginas y solo las usa como mordedor, suponemos que dentro de poco empezará a interesarse por los interiores.



La magia de mi nombre

Por desgracia hay cada vez menos recursos invertidos en el fomento de la cultura entre los más pequeños y por suerte aún tenemos bibliotecas para llevar a nuestros hijos y que les pique el gusanillo de leer. Al menos si no conseguimos aún que mejore la inversión pública en estos temas serán ellos como adultos concienciados los que decidan que sus impuestos vayan dirigidos a actividades culturales para nuestros nietos.

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2 Responses

  1. Efe dice:

    Estoy totalmente de acuerdo contigo, se necesitan más recursos para fomentar la lectura en los pequeños. Como bien dices siguen existiendo las bibliotecas, pero se tiene que ir más y hacer que nuestros peques disfruten al entrar en el maravilloso mundo de los libros. Yo voy bastante con mis hijos a la biblioteca pública de huerta de la salud en madrid y muchas veces hay narración de libros infantiles y a mis peques les encanta.

    • Sand dice:

      Hola, Efe. También se está empezando a hacer narración para bebés (cuentabebés) en algunas bibliotecas públicas. Pero las plazas son muy limitadas. Cuanto antes empiecen a acercarse a los libros más lo tomarán como un acto natural.

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