Cerrando puertas. Bebés en ascensor.

De un tiempo a esta parte se ve en los anuncios de marcas que se supone son favorables a la vida saludable la recomendación de usar las escaleras en vez del ascensor. ¿Tan arraigado está el uso del ascensor que crea un problema de salud social? Pues desde que tengo un bebé puedo confirmar que sí.

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Hasta el momento yo no era muy de ascensores. De hecho vivimos en un 5° sin ascensor y como no estoy acostumbrada no lo cojo ni en el metro ni en centros comerciales, ni siquiera en hospitales (si las escaleras son más sanas en cualquier sitio más aún en un hospital donde la persona con la que te apretujas tiene todas las papeletas para tener algo contagioso). De hecho durante el embarazo todo el mundo me preguntaba cómo iba a hacer para bajar de casa cuando me pusiera de parto y puedo asegurar que cualquier contracción duele muchísimo más sentada en un coche que bajando unas escaleras.Sin embargo con un bebé de casi 10 kilos y un carrito con casi otros tantos (Momotaro no siempre se deja portear y al final salimos de casa preparados para todo) no te queda otra que recurrir a los ascensores. Esos ascensores en los que, teóricamente,  las personas que llevan un bebé tienen preferencia. Si es que logras llegar hasta uno, porque cuando te acercas al ascensor te das cuenta de que una orda de individuos sanos de dos piernas y en su mayoría más jóvenes que tú se lanzan a la carrera del tonto el último para no tener que pisar unas escaleras. Da igual que sea solo para medio piso o para bajar, que las escaleras sean mecánicas o incluso que estén cogiendo un ascensor que vaya hacia abajo cuando quieren subir y viceversa. Delante de la puerta de un ascensor perdemos el civismo, la vergüenza e incluso las formas.



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El ascensor se llena de gente que ha saltado literalmente por encima de tu bebé para llegar a coger un servicio que, obviamente, no necesita. Y una vez dentro te miran con pena sabiendo que si fueras solo podrías estrujarte un poco y montar como sardina en lata pero con un carro eso no es posible y sin carro ¿quién quiere pasar por tan desagradable experiencia? Pero absolutamente nadie te cede su lugar.Aún es más exagerado en el metro. Ese medio de transporte que me sorprendió gratamente durante el embarazo porque nada más entrar con la tripa lo más protegida posible en un vagón a reventar siempre alguien te hacía señas desde un asiento para que te sentaras y la muchedumbre hacía lo posible para cederte el paso. Sin embargo una vez que el bebé está fuera de ti, que es una persona identificable a la que se puede mirar con vergüenza nadie le cede el sitio. A veces me planteo que a lo mejor la gente da por supuesto que si llevas un bebé no tienes prisa y por tanto ellos que sí la tienen anulan tu preferencia. Que tienes años de baja maternal, que no tienes un trabajo con problemas para conciliar, que como por arte de magia te conviertes en una persona lenta y orgullosa. Está claro que no tienen hijos.

Pero aún así, si tan tarde llegas a trabajar, ¿no será más rápido para ellos que no tienen que cargar con nadie más, el correr escaleras abajo? ¿O el verdadero problema es que nos hemos acostumbrado hasta tal punto a los ascensores que no se nos ocurre siquiera pensar que existen alternativas? ¿Que damos por supuesto que la prioridad la tiene el que llega antes porque si hacemos un poco de ejercicio moriremos y es la ley de la selva la que nos guía? En ese caso va a hacer falta algo más que un rótulo en un anuncio de cereales para hacernos entrar en razón.

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1 Response

  1. 12 Marzo, 2017

    […] que acabamos haciendo todo lo contrario a lo que nos hemos planteado). Es un lugar céntrico, accesible para carritos, con zona infantil en la planta baja, con techos altísimos, y con un precio de entrada simbólico […]

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