El mejor regalo para el primer cumpleaños

No me gusta demasiado postear sobre temas personales a no ser que esté muy segura de que a mi me hubiera venido bien leer mi propia opinión meses atrás y algo dentro me diga que puedo estar ayudando a alguien. Pero en esta ocasión algo lleva rondándome la cabeza ya un par de meses y me apetecía rumiarlo por escrito: se acerca el primer cumpleaños de mi hijo.

No sólo es el primer cumpleaños suyo sino mío como mamá y también hace un año que decidí retomar el blog, porque por mucha Samanta Villar que venga advirtiéndote y muchas experiencias que leas en Internet te cambia tanto la vida y en tantos aspectos que siempre tienes una situación distinta sobre la que no has encontrado información y de la que piensas que alguien podrá sacar algo bueno.

Bebé jugando en la trona

El caso es que enfrentarse al primer cumpleaños es encontrarse de bruces con la sociedad. Y tener que poner en una balanza las convenciones, tradiciones y expectativas de los adultos y las de un bebé que ni sabe lo que es un cumpleaños ni le importa, ni se siente mayor por pasar una fecha porque todos los días supera cientos de retos que le hacen crecer un poquito.
Yo llevo muchos años sin celebrar mi cumpleaños. Al final las celebraciones siempre acababan dejándome mal sabor de boca. Acabas viendo a gente que no quieres y echando de menos a quien no vino. Gastas dinero y esfuerzo en organizar algo que los demás no aprecian y ves como ellos hacen lo mismo para comprarte algo que no quieres. Acabas con la sensación de estar entre gente que no te conoce. Y encima te sientes un año más vieja cuando no eres más que un día mayor que el día anterior. Pero cuando se trata de tu hijo… Ya sabéis… Te empeñas en dejar a un lado tus opiniones propias. ¿Quién eres tú para negarle una fiesta de cumpleaños… que probablemente le asuste? ¿Unos regalos de los que preferirá la caja y el papel de envolver? ¿Un montón de gente a la que no conoce que se empeñe en darle besos? ¿Pasarte horas cocinando una tarta que no lleve azúcar, ni grasas saturadas, ni colorantes, ni conservantes, ni aceite de palma y no dejarle entrar en la cocina porque estás demasiado ocupada para controlar que no se acerque al horno? Eres una mamá ausente durante los diez días anteriores a su cumple porque está mandando WhatsApps a diestro y siniestro para prepararle un fiestorro por todo lo alto aunque para él cualquier cosa que solo se alcance poniéndose de pie ya es demasiado alta. Pero claro… Por un hijo se hace lo que sea…

Así que después de mucho pensar sobre la celebración y aprovechando que mi empresa me exige programar las vacaciones de todo el año a mediados de febrero… Decidí cogerme la semana de su cumple de vacaciones.

No he cogido vacaciones para poder preparar su fiesta con antelación. Tampoco lo he hecho para poder patear las jugueterías en busca del regalo perfecto. No lo he hecho para montarle en el coche durante horas de mareos y llevarle 10 dias a un viaje que no me ha pedido y que no sé si le va a gustar.

Lo único que quiero es no tener que salir corriendo después de comer y ver su carita desaparecer detrás de la puerta mientras la cierro. Quiero tener tiempo para ayudarle a alfombrar el suelo con los papeles de la bolsa del reciclaje. Dormir juntos la siesta otra vez. Ir al parque si hace bueno y, si llueve, agarrar sus manitas y pasar toda la tarde jugando a aprender a andar, recorriendo la casa de una a otra punta como lo hacíamos hace un año mientras los dos nos preguntábamos si podríamos aguantar unas cuantas horas más de contracciones antes de salir para el hospital y empezar nuestra (nueva) vida.

 

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1 Response

  1. 12 marzo, 2017

    […] de las actividades que hemos hecho en nuestra semana de cumpleaños juntos ha sido ir a cortarnos el pelo. No es que pertenezcamos a ninguna religión en la que a los bebés […]

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