Mi niño sí me come (y engorda medio kilo semanal con lactancia)

Cuando estás embarazada, todos los puntos de vista “oficiales” te hablan de la lactancia materna a demanda como algo maravilloso y la idealizas sin darte cuenta. Con “oficiales” quiero decir todos los que se basan en las recomendaciones actuales de la OMS: matronas, talleres de preparación al parto, blogs y mamás modernas y felices muy involucradas en la salud de sus bebés. Y lo es. Todas las que hayáis llegado hasta aquí buscando información porque vuestro hijo recién nacido no alcanza el peso que se espera de él estaréis pensando “toma, así cualquiera, con un niño de percentil 90”. Pero incluso las madres de niños que cogen mucho peso con lactancia exclusiva tenemos nuestras penas. Entre otras el ser una rara avis y sentirte más sola que la una cuando buscas gente que haya pasado por la misma experiencia y te confirme que no estás sobrealimentando a tu bebé.

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La primera vez que fui al taller de lactancia de mi centro de salud un mes después del parto iba con mis dudas y preocupaciones bien aprendidas y esperando encontrar respuestas. Cual fue mi sorpresa cuando vi que los bebés que tenían la misma edad que el mío (que había llegado al mes habiendo engordado dos kilazos y crecido a la par, aunque yo no lo sabía porque no le tocaba pesar hasta esa misma tarde) eran la mitad de grandes, algunos no habían recuperado aún el peso del nacimiento y sus mamás seguían realmente desesperadas. Nosotros veíamos a nuestro niño grandote con los ojos abiertos como platos y no nos parecía que pudiera tener la misma edad que esos otros con apariencia de acabar de nacer y me daba cuenta por momentos de que nuestra lactancia no estaba yendo mal, era imposible. Y lo peor, sentía vergüenza de que pareciera que habíamos ido a chulearnos. Aquel taller se convirtió en una terapia de grupo en el que unas lloraban y a las otras se les saltaban las lágrimas. Yo intenté no quejarme, comenté mis experiencias y como las había solucionado por si a alguien le servían y me fui a casa más feliz que una perdiz, dispuesta a mejorar los pinchazos con la información que pudiera encontrar en Internet y haciendo un seguimiento pormenorizado del agarre “bebé-teta”.

Ese día empezó una lucha diferente. Nos dimos cuenta de Momotaro se pasaba mucho de la recomendación semanal de engorde de 140 gr. y sobre eso sí que no encontrábamos información en ningún sitio. La enfermera decía que el niño estaba bien mientras su estatura también fuera a la par, pero le miraba alucinada, me volvía a preguntar si solo le estaba alimentado con lactancia y luego bajaba, disimuladamente la mirada a mis tetas como si no entendiera qué era lo que podía salir de esa mediocridad para que el niño creciera tan rápido. En ningún blog hablan sobre niños que ganen tanto peso, y las generaciones anteriores (mi madre, que había “sufrido” la técnica de los diez minutos en cada teta, y que a mi me llevó a tener que “renunciar a mi derecho” a la lactancia a los dos meses de edad) me decían que el niño estaba gordo y que no debía ponerle al pecho cada vez que me lo pidiera. Cuantas veces oigo: “déjale llorar” y aún me siento mala madre porque pienso que si llorara lo estaría haciendo mal pero que dándole en cuanto mueve la manita como un gatito de la fortuna chino (así pide siempre) le estoy avocando a la obesidad infantil. Pero una vez pasada la revisión de los dos meses puedo confirmar que la subida semanal de peso acaba frenando, el niño no tiene una progresión que le lleve hacia la explosión inevitable. Una vez dicho esto, también entiendo que a quien esté intentando que su niño coja el peso que “le sobra” al mío lo que le interesa es saber qué hacemos para que esté así de grande.

Las causas por las que nuestra lactancia ha ido “tan bien” (no ha sido un camino de rosas pero tener un hijo bien alimentado y sano quiero pensar que es un éxito) no estoy segura de cuáles son pero por si a alguien le sirven, tengo mis teorías:

 

Genética

Momotaro nació con un percentil 25 en la semana 41 (algo que no nos esperábamos porque en la única ecografía -la del tercer trimestre- en que nos dijeron el percentil estaba en un 50) por lo que no fue un niño muy grande. Sin embargo solo perdió un 2% en el hospital, donde nos vimos, como casi todos, obligados a darle fórmula con jeringuilla, en nuestro caso, porque no hacía pis y querían descartar un problema renal. Desde que me subió la leche al tercer día empezó a coger 500 gr. semanales. Hasta el momento, es un bebé con mucha fuerza muscular. A las 5 horas del parto, recién subidos a la habitación y recostadito sobre mi pecho empezó a levantar la cabeza unos tres centímetros durante unos 30 segundos,  desde las dos semanas la sostiene cuando le tienes en brazos en vertical (le puede el cotilleo) y a la pediatra le cuesta horrores inmovilizarle para hacerle perrerías. Quizá esto le haya ayudado a asimilar mejor lo que come. Luego se equiparará a los demás niños de su edad, o eso espero si no queremos pasarle a la cama de 90 con 1 año.

 

Alimentación

Desde antes del embarazo me conciencié en hacer una dieta lo más saludable posible y prepararme físicamente perdiendo algunos kilitos de los que me sobran. Me puse una rutina de siete horas de ejercicio físico a la semana (espero que así se entienda mejor por qué el blog llevaba 2 años sin actualizar). Como una vez embarazada no podía mantenerla me propuse seguir a rajatabla la norma de las 5 raciones diarias de fruta y verdura. Y cuando digo a rajatabla es a rajatabla (yo también pensaba que era imposible pero no, si la tienes te la comes, el truco está en comprar grandes cantidades que además sale más barato). Eliminé por completo los platos preparados y el alcohol. Y cuando digo por completo es por completo, ni cerveza 0,0% ni hostias en vinagre. Jamás he fumado, y huyo de los que me fuman encima. Y me aseguro de beber agua en cantidad (siempre voy con una botella encima). He seguido esta tendencia durante la lactancia (añadiendo jamón, por supuesto) y, no sé si tiene que ver pero a nosotros nos ha ido bien.

 

Aguante

Estoy harta de leer que la lactancia no duele. Que no debería doler, vale. Pero por mucho que “los pezones estén preparados para ello” creo que los de todas requieren un tiempo de adaptación. Yo tuve suerte, se me adaptaron en una semana y no tuve grietas, pero pasaron de rojos a morados y de ahí a descamandos (por suerte mi matrona me había dado una muestra de Vea Olio, que me vino de perlas en el hospital). Luego pasé por una época en que el niño me dejaba el pezón plano al soltar la teta, y unos quince minutos después me daban unos pinchazos fuertes. Aunque la matrona me aseguró que no, solo vi coincidencia con una versión light del síndrome de Raynaud, que se resolvió mejorando la postura y el agarre. Aún así seguía teniendo molestias casi en cada toma hasta el mes y medio lo que me hace pensar que lo del “establecimiento de la lactancia” debería llamarse el “final del dolor” .

 

Paciencia

A los quince días de vida Momotaro empezó a cabrearse a media toma. Cogía el pezón, lo soltaba, gritaba, volvía cogerlo, tiraba de él y volvía a chillar (en un bebé que aún mama durante una hora cada hora y media) esto era desesperante (la única razon por la que me he visto llorando durante lo que llevamos de lactancia). Al principio creí que sería la crisis de crecimiento de los diecisiete días pero, con dos  meses aún lo sigue haciendo. Así que cuando vi que duraba demasiado pensé que o probábamos algo o no iba a acabar nunca. Vi que algunas veces se calmaba cambiándolo de teta y desoyendo las recomendaciones de vaciar un pecho, animada porque íbamos cumplidos de peso, empecé a hacerlo así. A día de hoy he llegado a la conclusión de que no todas las veces lo hace por la misma razón y he desarrollado unas cuantas técnicas para calmarle y aceptado que otras veces simplemente es cuestión de paciencia.

 

Nadie conoce a tu hijo mejor que tú

Cada niño es un mundo y aunque te puedan aconsejar nadie va a saber seguro lo que le va a ir bien. Así que he ido probando cosas hasta que he entendido que: Momotaro se enfada mucho cuando le da sueño, y la teta es un somnifero natural. Cuando le dan gases no suelta la teta sino que lucha con ellos chupando más y se acaba sintiendo mal, la solución es que aunque se enfade le pongo en vertical hasta que los echa y se le pasa. Otras veces se cansa de la misma postura y se enfada si no le cambias de teta (esto ya no le pasa desde que hace la toma más rápido). Con esto quiero decir que aunque necesites tiempo para comprenderle siempre serás quien mejor le entienda y quien le pueda dar mejor interpretación a lo que le pasa. La confianza en ti misma es el mejor ejemplo que le puedes dar y quién sabe si eso también se chupa vía teta.

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