Escapada industrial I. La gran central

En las próximas semanas os vamos a proponer un pequeño viaje temático por la historia industrial de nuestro país. Dicho así no suena demasiado impactante, pero si alguna vez os habéis preguntado qué tesoros escondían las ventanas tapiadas de una antigua fábrica, si os inquietan las estaciones fantasma del metro, si habéis hojeado alguna vez las fotos de Abandonalia, sabréis que la arqueología industrial de nuestro país es uno de esos pequeños tesoros que se abandona y olvida por aquello de que no nos parece los suficientemente antiguo pero que sin embargo representa una forma de de vida esencialmente analógica que para los más jóvenes forma ya parte, por completo, de la historia.

Nuestro viaje empieza en Ponferrada. Una ciudad que emerge entre la montaña y el río y que conserva vestigios vivos de todas nuestras épocas de esplendor que, sin duda, merece la pena visitar. La relación entre la ciudad y la industria viene desde época romana. Ponferrada se encuentra muy cerca de las Médulas, una de los más antiguos vestigios de arqueología industrial de nuestro país. Al igual que siglos atrás se había convertido en base de una gran red de industria minera, en los años 50 se convirtió en uno de los cuarteles generales de la red minera del carbón, viendo nacer en su seno los sectores más representativos de la revolución industrial (Endesa y Acerinox se fundaron en Ponferrada) y generando una necesidad eléctrica que llevaría a la construcción de la central térmica de Compostilla un espectacular edificio que fue uno de los más importantes de nuestra historia reciente y que se habría ido desmoronando sobre sus propios cimientos si no fuera por su reciente restauración en El Museo Nacional de la Energía (Ene).

Ene Térmica es una pequeña parte de un proyecto ambicioso que, probablemente, no llegue a ver la luz en su totalidad, pero sin embargo es también uno de los museos más interactivos, didácticos, modernos y bien diseñados de España, algo que ya es casi un milagro teniendo en cuenta su carácter público. Conlleva, además, un homenaje a aquellos trabajadores que fueron artífices de un progreso que ahora se nos antoja lejano y desfasado. Además de poder ver en su totalidad las naves de calderas y turbinas de la gran central, sus antiguos empleados, mediante vídeos interactivos que les hacen aparecer en tamaño real como si realmente estuvieran ofreciéndonos una visita guiada, nos explican el funcionamiento de la central desde la estración del carbón en el alto Bierzo y el funcionamiento de las líneas férreas que lo transportaban hasta las consecuencias demográficas que tuvo en la región. Todo esto salpicado de anécdotas de “abuelo cebolleta” que le dan a la visita una emotividad inusual muy lejana al ambiente frío y distante habitual de las vitrinas de los museos. Altamente recomendable para todo el mundo y especialmente didáctico para niños de hasta 40 años (todos los que crecimos en la era de las videoconsolas). Ene tiene además su zona más adulta con una cafetería de diseño con terraza chill out donde puedes tomarte un coctail a precio de risa.
Sobre el Museo: entrada 3 € 1,50 con carnet joven. Se encuentra a las afueras de Ponferrada en la Avda de la Libertad 46 esquina Avda de América. Relación calidad/precio: excelente

Si tuviéramos que seguir hablando de por qué este museo nos encanta y nos decepciona su baja cantidad de visitas y la falta de promoción que se le da no acabaríamos nunca. Pero hemos de proseguir nuestro viaje. Para los que vayáis con más calma también se puede visitar el museo del Ferrocarril de Ponferrada para que os convirtáis en expertos, sobre todo, si elegís la opción de pasar la noche en la ciudad. Una vez salimos de esta, cogemos la carretera CL-631, remontando el curso del río Sil, para seguir la ruta que hacía el ferrocarril Ponferrada-Villablino cargado de carbón desde las minas de Asturias hacia la central térmica que acabamos de abandonar, imaginándolo cargado hasta arriba y traqueteando mientras intenta no descarrilar.

A nuestro camino vemos como el terreno se va escarpando y los vestigios de la industria minera siguen aún vivos en esta zona. Así pasaremos por una central carbonera que aunque, viva aún, tiene un antiguo edificio imponente de cuyas ventanas parece que van a salir en cualquier momento los fantasmas de antiguos mineros. Más adelante encontraremos la central eléctrica de Ondinas con su puente sobre el embalse, como si del foso de una castillo inaccesible se tratara, que nos recuerda de nuevo todos los esfuerzos que se hicieron para que hoy usemos el ordenador para escribir este post como si la energía eléctrica siempre hubiera sido limpia, fácil y accesible.
[Continuará]

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1 Response

  1. 3 Junio, 2012

    […] unos meses iniciamos un pequeño viaje por la arquitectura industrial de nuestro país y os prometimos continuarlo. Afortunadamente no […]

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